Dónde pasear

 

Dejando el recorrido por las calles, avenidas, cuestas y plazas del pueblo para más adelante, dónde pasear en Rinlo es fácil. Terminado ya el paseo marítimo (2002), es un sitio ideal para refrescarse con el olor del mar, del aire puro, para estirar las piernas o por ejemplo, para las digestiones difíciles tras una buena comida en nuestros restaurantes del puerto.

Con el piso en perfecto estado, barandilla en todo su recorrido, bancos dónde descansar y alumbrado público, hace que esto sea toda una experiencia. Kilómetro y poco de sentimientos y recuerdos.

En el "rego" de la areosa comienza nuestro recorrido, casi con las puntas de los pies metidos en el mar. Antes de ponernos a andar echamos una última mirada a la "boca" de "a Ribeira", el muro y la "Afreita" que se ve allá al fondo, más cerca, la "pena do medio" y el "Calabrote" pegadito a ella. Ahora ya levantamos la vista y comenzamos a andar. Subimos bordeando el pequeño arenal del  "rego". De frente y al fondo, el lavadero de la "Areosa" y el "prado do Cristo", a la derecha la tierra de "Patapequena". Ya estamos por delante de la chavola de "Lavandeira" y el pequeño huerto que tiene al lado.

Aprovechamos que en este punto no podemos ver el mar para mirar a nuestra izquierda; allá en el fondo la escuela vieja, la casa de Maruja de María Rosa, la escuela nueva, el chalet de Lilo y el coqueto merendero de Toñita de Carmen de Anxela, cerquita de nosotros la tierra de Dobiges y la de Jacinta. Dos pasos más adelante, la del Carrilano. En la derecha echamos una última ojeada al regato de la Ariosa para volver a mirar hacia delante e seguir ruta.

Ahora el campo de la familia de Fiestas nos abriga de la brisa del mar; a nuestro lado tienen sus propiedades el Barbeiro, el Catalán, Urbán y Benigno. Nosotros, por encima del campo de Pérsida vemos todavía el Calabrote y como, al andar, también comienza a asomarse la "pena do medio". Por la izquierda, los altos muros de la tierra que llevan los del Rulero y la de Lavandeira nos señalan dónde nace la Calle Virxe Branca y casi invita a recorrerla pero, preferimos seguir por aquí.

Allá abajo queda el pequeño "areal" con la recatada tierra de Lavandeira. El muro de la "cortiña de Pitilán" y del plantío de Elvita de Rancaño procura que no nos desviemos del camino mientras contemplamos ya la inmensidad del mar, más allá de la entrada de la Ribeira que ya adivinamos.

Otra corredoría se abre camino hacia la Calle Cotarelo mas preferimos seguir el muro de Florín e vamos girando comprobando cómo va cambiando el paisaje. Las piedras de la primera cetárea, el muro de la Ribeira, la explanada del puerto…

Las casas ya nos aparecen por la izquierda y ya nos va empujando el nordés.

La del Florín es la primera, vecina de la del Elvita y pegado la chavola de Rosa de Pitilán.

Se levanta orgulloso el hórreo de la Brexa que parece como si cuidase de los marineros que salían a la mar hace años. En la otra orilla, las pequeñas olas de la Ribeira bailan al son del viento.

Entre la casa de Jacinta y la de Victoria del Loureiro otro callejón nos dice que podemos seguir el paseo por la Calle Cotarelo mas, nosotros queremos ver más cosas.

Ahora la casa de Conchita del Loureiro, la de Anita do Novo y el nuevo negocio de los de Chispita, que aun siguen las obras en él; xa pisamos la Avenida de Ribadeo pues nace en este punto justamente, en la punta de la Rambla.

Al fondo ya vemos el puente y más allá, el arenal de la Riberia, más, el que nos escolta es el establo de Urbán, la de María del Barbado y la de Carmen de Prefecta. Allí nos detenemos un poco pues aquellos pequeños callejones que vemos nos recuerdan al Rinlo más antiguo y más tradicional.

Ahora el paseo marítimo nos invita a subir por las escaleras de la Teldereta hacia la Plaza Calvo Sotelo ó seguir hasta casi tocar el mar y como aún podemos disfrutar más de nuestro paseo, seguimos ya por debajo del puente ven cerca de los fuertes muros de la Cofradía. Atrás de ésta, la fuente de la Piedra, muy bien restaurada por cierto y dándole si cabe, un toque de distinción las propias obras del paseo que parecen que intentan abrazarla.

Subimos la docena de escaleras que nos llevan a otro nivel y nos cobijan bajo el muro que al mismo tiempo hace de guía de la Calle Mirandilla. Delante de nosotros, ya las casas de piedra pues parece como si naciesen de ellas. Por aquí, bien nos cabría la chaqueta pero de tanto caminar, la humedad y el frío de la zona ni la notamos. Aun así, en esta casa siempre vivió Luz, en la siguiente los Manchús, Pacita en esa, Adelaida en la siguiente, los de Patapequena en la otra y aquella última arreglada y pintada, Germán.

En estas otras que vemos ahora el tiempo se les echó encima pues les venía bien un arreglo. Estas viviendas de Carmen de Ferreiro, de Josefa de la Moura (en la que luego vivieron los Muleños), la de Visita y el pajar de Carmen de la Gesta no les venía mal echarles la mano…

Ahí, al lado de la casa de la Viroca nace la Calle Húmida y esas que están ahí, pertenecen a la Calle de la Esperanza, son las de Lela y Junín.

Ya estamos en la fuente de Xuncos como de una tijera se tratase, este es el punto dónde se juntas las piezas. El sitio es de lo mejor, con la fuente por la derecha y atrás el pequeño puente sobre el río de la Leira junto con la imponente casa de Eusebia que un día fue de Vázquez.

Mirando de frente al puente bajo el cual, asoma el muro allá al fondo, echamos a andar tras una pequeña parada.

Como hechas para equilibristas, las pequeñas tierras de las que no podría acertar sus dueños, pero sabemos que Victoria del Loureiro y Leticia del Polco por ejemplo, tienen ó cuidan de alguna de ellas. Lo que si reconocemos es el pajar de Vázquez por el campo que tiene al lado y que limita por arriba con el garaje del Parrolo.

Casi sin querer ya estamos encima de la calle que viene de Meirengos y pegada a ella, la huerta de Carmen de Prefeuta sobre la que destaca el Hórreo de Lestón. Aun con la cabeza erguida, el huerto de la "otra banda" de la Rulera y Carmen de la Luguesa.

Ya tenemos a la derecha las casas por las que pasamos antes y como haciendo de patrón, el hórreo de la Brexa. Parecen recostadas sobre el mar como jugando con él, es digno de ver.

Mejor, en el puerto no entramos y subimos hacia la primera cetárea por la Afreita. Al abrigo de los garajes nuevos, nos detenemos. El viento del nordés nos golpea en la cara; a la izquierda vemos la antigua primera cetárea, a la derecha el muro y allá al fondo, la Ariosa, de frente, hasta dónde nos alcanza la vista, el mar, el mar que tanto trabajo dio a nuestros marineros, que tanto tristeza dejaba en las mujeres que quedaban en tierra, que tanta hambre quitó en la gente que aquí aún vive.

Mirando al infinito vemos nuestros orígenes, el regazo sobre el que reímos y lloramos, luchamos y padecimos, ganamos y perdimos. El regazo que nos dio la vida, que nos dio el alma pues sin duda alguna, Rinlo nació ahí… nació en este mar.

(Rinlo, 18 de junio de 2006)


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