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Historia |
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Introducción Existen leyendas, cuentos e historias de unos orígenes tan
antiguos que se remontan a la época de los Vikingos. Este dato puede ser válido o no, pero como resulta casi
imposible confirmarlo con hechos por más que lo intentamos, repararemos
entonces en lo que si se puede contrastar con documentación, como se deben
hacer las cosas. Por eso comenzaremos por el origen del nombre y las primeras
referencias históricas escritas en la que aparece el pueblo. Topónimo de Rinlo El nombre de
esta villa, Rinlo, no es más que un diminutivo de río, del que se deriva. Y
no debería merecer su estudio especial consideración si no fuera porque su
evidente relación etimológica con la palabra latina "rivus" (río)
se ha obscurecido bastante debido a las diversas alteraciones fonéticas que a
lo largo del tiempo ha sufrido. A la
palabra latina "rivus" le corresponden sus preposiciones
"ellus", "illus", para formar con ellas sus diminutivos
"rivullus" o "rivillus" y referirnos así a la pequeñez de
un río, como hacemos con su equivalente castellano "río" y
"riachuelo". Perdida más
tarde la "v" de "rivillus" ante la "e" o la
"i", fenómeno muy frecuente en la formación de las lenguas
romances, nos quedaría la palabra "Riillus", que así es como nos
aparece atestiguada en las cartas de poblamiento realizadas por los monjes
benedictinos de Lourenzá del año 1270. El hiato formado por las dos íes de la
palabra "Riillus" ha de desaparecer muy pronto por la supresión de
una de ellas y nos quedará, por su reducción fonética la palabra
"Rilo", denominación, por otra parte, de muchos topónimos a la
largo de Galicia como son entre otros "Rilo" (playa de Rilo,
Rianxo), "Rielo (en la Ría de Abres(, etc…, y el que ahora nos ocupa
"Rinlo" que encontramos ya así atestiguado en el año 1258 como
"… puerto de Riilo…" y "… porto de Rielo de Meirengos …".
Pudiera
extrañarnosla presencia ya muy tardía de la "n" de nuestro
"Rinlo". Ello no debe representar ningún problema, ya que no es más
que una simple nasalización secundaria, muy frecuente, por otra parte,
comparable, por ejemplo con la "esquecer/esquencer". Carece, pues,
de trascendencia etimológica. En el año
1784 aparece aún la palabra como "Rilo" con los mapas de Ojea y
Tomás López, según nos manifiesta E. Bascuas en sus estudios de hidronímia. Y
no es de extrañar oír aún en nuestros días a alguna persona mayor de esta
bonita marinera referirse a ella con el nombre de "Rilo", tal como
hacía su antiguo cura párroco, D. Pedro Cedrón. La
secuencia, pues, en la formación de esta palabra quedaría establecida de la
siguiente forma: Rivus/Rivulus/Rivillus/Rilo y Rinlo. En
cualquier caso queda claro su derivación del diminutivo "Rivillus",
en referencia a la pequeñez del río a cuya orilla se asienta la villa, y que,
procedente de San Xulián de Vilaframil, desemboca en su pequeño puerto. Se observa,
a veces, una anomalía fonética en el hablar popular al referirse a este
nombre, pues se utiliza muchas veces "Rinle" en vez de
"Rinlo" . No negamos que esta relajación fonética pudiera deberse a
la influencia ejercida por su sufijo gentilicio "Rinlego". Pero nos
parece de más entidad la explicación de que este cambio se debe a una
alteración fonética de uso muy generalizado por la que las palabras
terminadas en "a" u "o" cambian esta vocal en
"e", como "laxa / laxe" o "Rosendo / Rosende". Y así,
pues, mientras este nombre siga vivo continuará proclamando en silencio que
por allí iba al mar un riachuelo, aún cuando hoy no lleve agua. Una vez más,
como muy bien dice nuestro E. Bascuas, las cosas pasan y los nombres quedan. (por José Mª
Rodríguez Díaz -La Comarca del Eo do Por lo general, hablar propiamente de historia significa
referirse a una amplia perspectiva, tanto de los períodos como de los espacios.
Ahora bien, cabe abordar, dentro del tal disciplina, estudios locales
centrados en algún aspecto mereciente de investigación. Las líneas presentes
no son sino una muy breve paseata por los acontecimientos históricos de este
hermoso recodo costero que se llama Rinlo y constituyen, apenas, un fajo de
notas más o menos aisladas de minudeces a veces, aunque, desde luego, tienen
el mérito de formar parte de la historia, incluso de la escrita con
mayúscula, ya que, en último término, ésta no es más que la suma de todos los
pequeños aconteceres, vivencias y luchas de nuestros antepasados. Para
nosotros tienen además, el valor añadido de asomarnos a la manera de
trabajar, de soñar y, frecuentemente, de padecer de los que ocuparon antes
estos mismos lugares, este singular caserío recostado sobre el mar. La antigua división Municipal y Parroquial Tanto el
actual término municipal de Ribadeo como su organización son relativamente
recientes: del siglo XIX. Conviene saber que hasta la supresión de los señoríos,
a comienzos del indicado siglo, Cedofeita, Remourelle, Couxela y Villaosende
no formaban parte de nuestro Ayuntamiento. La primera era coto jurisdicional,
la segunda dependía de Lourenzá y las dos restantes, de la jurisdición de
Sante. En el antiguo
Régimen, tanto para las funciones fiscales como electorales, el Ayuntamiento
ribadense se componía de tres grupos: Ribadeo, que comprendía la villa y
Rinlo (que aportaba tributariamente las dos quintas partes), la Rilleira de
Arriba, formada por Arante, Cubelas, Villaselán y Obe, la Rilleira de Abajo
compuesta por Piñeira y La Devesa. Las dos Rilleiras pagaban las restantes
tres quintas partes. No vamos a entrar en pormenores por lo que se refiere a
las maneras de gobierno municipal, únicamente indicar que desde mediado del
siglo XVIII se elegía un síndico y dos diputados del común por sufragio entre
los vecinos y contribuyentes. La división
parroquial tradicional también era diferente. Desde tiempo inmemorial las
parroquias eran: Santa María (la de la villa), San Xoan de Obe, Santa María
de Vilaselán, San Xoan de Piñeria, San Vicente de Cubelas, San Pedro de
Arante y Santalla de A Devesa. Rinlo fue erigida como parroquia el 1896, como
luego veremos. Retrocediendo hasta
el siglo XVI Sin duda
que un estudio sistemático del archivo municipal nos aportaría bastantes más
datos de los que disponemos y por supuesto, de los que manejó en el pasado la
historiografía local, por decirlo un poco presuntuosamente. Más la tarea es
lenta y costosa. Aunque no teniéndola más que iniciada, podemos afirmar que,
con toda probabilidad, la primera referencia a Rinlo de las actas
consistoriales es de 1547, fecha muy temprana si tenemos en cuenta que el más
antiguo que se conserva del citado archivo es de 1536. El caso es que un par
de años antes de la fecha límite apuntada, y siguiendo el usual procedimiento
de derramas propio de la época, una Real Provisión ordenaba que la villa y
condado repartiesen seis mil "maravedís" para la construcción del
puente de Salime. De esa cantidad le correspondieron a Rinlo ochocientos
"maravedís" Mas, por lo
que se ve, los rinlegos de entonces no debían estar muy convencidos de la
importancia de dicha construcción, porque el lo referido al año 1547 el
Alcalde, a vista de que tal cantidad no había sido satisfecha, ordenaba
apresar a dos de entre los más ricos de este puerto y encerrarlos en la
"Fortaleza" hasta que pagaran. Pero ni el más pequeño entusiasmo
tributario era patrimonio rinlego ni había discriminación en cuento a tan "persuasivos"
métodos entre las parroquias y la villa: un año después de los
acontecimientos que venimos de contar, el Ayuntamiento dicta una orden para
apresar y meter en la cárcel a los pescadores de Cabanela hasta que abonasen
la mitad del coste del "caí" y del camino construido cerca de aquel
barrio. No resulta fácil esclarecer cifras relativas a la población de
Rinlo a través de la historia, puesto que en los padrones procedentes del
archivo municipal figura englobado en la parroquia a la que pertenecía, o sea
a La Devesa. Sabemos, eso si, que los vecinos eran pocos, porque ya no eran
muchos los del Condado en su conjunto. 1589, el
Ayuntamiento de Ribadeo protestaba contra el requerimiento de una cuadrilla
de veintidós hombre de mar, argumentando que, casi no había en Rinlo tantos
hombre útiles, afirmación posiblemente exagerada por la causa que la
provocaba, pero que conviene tener en cuenta y que, por supuesto, no es la
única que nos permite afirmar la minúscula de la población. A mediados
del siglo XVIII se hace un padrón con motivo de la "única
contribución" y, a través del, sabemos que Rinlo tenía sesenta y ocho
vecinos no habitantes que, naturalmente, serían más. El Archivo parroquial de A Devesa (y aprovechamos para agradecer
las facilidades dadas por el actual párroco D. Jesús Monterroso) nos ofrece
también algún dato, como luego se verá al hablar de un pleito sostenido entre
los rinlegos y la parroquia. Adelantemos, por eso, que aun cuando el lío comienza
en 1775, los representantes de Rinlo aseguran ser seiscientos habitantes, con
noventa o cien hogares. Al suscribir un convenio, veinticinco años después,
lo firman sesenta y seis vecinos, que "confiesan ser la mayor parte de
los que se compone tanto terrestres como matriculados", según reza el
acta notarial correspondiente. A mediados
del pasado siglo componía la población ciento doce vecinos y cuatrocientas
noventa almas. Recursos
del mar y de la tierra El siglo
XVIII y los primeros años del XIX es el período de máximo esplendor del
puerto Ribadense, sobretodo no aspecto En cuanto a
las especies, la más capturada por ese tiempo era la sardina, seguida del
congrio, pescadilla, raya, etc.. En 1773, por ejemplo, se pescaron quinientos
millones de sardinas, que se reducirían casi la mitad siete años
después. No es este
el lugar adecuado para extenderse en consideraciones sobre las causas de éste
continua disminución, mas se tiene indicado que se debió, fundamentalmente,
al reclutamiento de marineros para la Armada Real y, sobre todo, a las
cargas señoriales de carácter feudal, esto es, la "alcabala" que
pesaba sobre el pescado. En cuanto a
la primera conviene anotar que según las actas del Archivo de Simancas,
manejadas por el ya citado Meijide, en 1776 había veintinueve mareantes en
activo en el puerto de Rinlo y nada menos que cuarenta al servicio de la
Marina Real. Sobre la "alcabala" tan solo indicar que era un
impuesto que gravaba la venta del pescado en una cantidad que se puede cifrar
en un 10% y que se trataba de un impuesto señorial. No olvidemos que hasta
que a comienzos del siglo XIX se decretase la disolución del régimen
señorial, Ribadeo estuvo sometido como Condado a los Duques de Hijal,
herederos del título de Condeses de Ribadeo, después de ser la nuestra, en su
origen, una villa libre. Ambos
problemas, servicio del Rey y la "alcabala", suscitaron frecuentes
protestas del Ayuntamiento ribadense: sabemos, por las actas municipales, que
fueron varios los pleitos planteados por los mareantes de Rinlo y,
concretamente, tenemos fechado uno de 1746 resuelto en su contra. A mediados
del siglo pasado la actividad pesquera se reducía notablemente, si debemos de
creer a Pascual Madoz que dice: "la gente del mar se ocupa con tres
lanchas en la pesca de la sardina, pescadilla y otros peces que levan en
fresco a los mercados de Ribadeo y Mondoñedo". La urgencia en la elaboración de este trabajo no permite entrar
en muchas precisiones en lo relativo a los recursos de la tierra, aunque
si se puede asegurar que, contra una imagen tópica, quizás únicamente propia
de los no rinlegos, la agricultura fue, desde siempre, una actividad que
ocupó a una muy elevada porcentaje de la población. Así lo asegura un
informe al que luego nos referiremos con más detalle, el Párroco de "A
Devesa" en 1776: son labriegos "los más vecinos del puerto",
dice. Por la mitad del XIX los productos más corrientes eran trigo,
maíz, patatas, legrumbres y nabos. Un sonado pleito
parroquial La
parroquia de San Pedro de Rinlo fue fundada en 1896. Hasta esa fecha
perteneció a la de Santalla de A Devesa que comprendía asimismo, Villaframil.
Seguidamente
vamos a dar cuenta de un sonado pleito entre los vecinos de Rinlo y el
Párroco, o mejor dicho, los párrocos de A Devesa, puesto que duró medio
siglo, y que, sin duda podemos considerar un tira y afloja entre los
antepasados rinlegos para disponer de parroquia propia (que al final
conseguirían mucho tiempo después), y la porfía en defender sus derechos
jurisdicionales. Se inicia
en 1775 cuando los vecinos, en escrito razonado, solicitan que se les permita
tener un cura que les celebre misa todos los Domingos y festivos en la
capilla de San Pedro, dónde también se asentaba la Cofradía del mismo nombre.
En el memorial presentado al obispo de Mondoñedo y como argumentos a favor de
lo que se pretende, se dice que el lugar se compone de noventa a cien hogares
y de cerca de seiscientas personas mayores y menores; asimismo que distan de
la iglesia parroquial unos tres cuarto de legua, "en cuyo tránsito a
ella hay tres ríos que en tiempo de abenidas o lluvias impiden el uso del
camino"; seguramente creían que Su Ilustrísima no conocía el lugar.
También alegaban que "hallándose el puerto en mar brava se ven
precisados por la custodia de las embarcaciones y de los aparejos a estar a
la vista de uno y otro, sin poder concurrir la mayor parte de los vecinos en
todos los días de fiesta a oyr misa a la Parroquia", y que si algún lo
hacía eran, en todo caso, muy pocos. Añadían que, unos por la larga
distancia, otros por guardar las casas o cuidar de los aparejos y algunos
"advirtiendo los golpes de la mar para sobstener, amarrar y cuidar las
embarcaciones", jamás pasaban de cincuenta los que concurrían a la misa
parroquial. Así pues,
ofrecían la capilla de San Pedro, sita en el mismo puerto, "con los
ornamentos y decencias correspondientes", para que allí tuviese lugar la
misa los domingos y festivos a cargo de un sacerdote pagado por ellos y
-diplomática y muy importante consideración- sin perjuicio de acudir al
párroco "con las oblatas y más derechuras que estaban en costumbre
satisfacerle". Pero de poco les servirían "oblatas",
"decencias" y "derechuras", como vamos a ver. Recibido el
memorial, el obispo decreta que el cura de A Devesa, en aquel tiempo D. Juan
Antonio Moreyna, informe sobre el particular, cosa que hace, y muy
cumplidamente por cierto, el día En este
punto dejamos al lector que formule su propio juicio y nos limitamos,
simplemente, a informarlo de que una legua equivale más o menos, a cinco kilómetros
y medio. Sobre los
caminos, el párroco asegura que, particularmente el que lleva a Rinlo, es de
los mejores de la feligresía y que existen "tres riachuelos": dos
de ellos secan en verano y otro no lleva agua suficiente ni para un
"ligero molino" en él situado, además de que todos disponen de los
correspondientes puentes. Finalmente niega que sean tan solo cincuenta lo que
acuden a la misa dominical y cree que con dos celebraciones en A Devesa, una
a las ocho de la mañana y otra a las dos, bien puede gobernarse como hacen
los labriegos de la zona, "de cuya clase son los más vecinos del
puerto", afirmación que posiblemente fuese acertada, además de apuntar
muy finalmente en otra dirección; del gremio de mareantes, los matriculados
eran probablemente la vanguardia del movimiento; no en vano contaban con una
larga tradición de luchas reivindicativas como deja dicho. El día Y así, el El
documento es firmado por "los que saben y quisieron hacerlo" que,
de los sesenta y seis, son diecisiete, "y por los demás un testigo a su
ruego", que lo fueron, el capitán del Regimiento Provincial con sede en
Mondoñedo, el Subdelegado de Marina de Ribadeo y otro vecino más de este
villa. El Obispado de su conformidad el El lío
parecía terminado y, efectivamente, a lo largo de algunos años no hubo
cuestión alguna de la que tengamos constancia documental, mas, sea porque los
rinlegos les pareció aquella una victoria pírrica, sea porque se trataba de
un paso táctico dentro de su estrategia parroquial, o por cualquier otra
razón, ya que tampoco debe un pegarse estrictamente a las palabras de las que
constan los documentos, el caso es que en 1824, se plantea de nuevo el
conflicto. El cura de
A Devesa, que ya no es el firmante de treinta y cuatro años antes, se niega a
confirmar el nombramiento de un Presbítero hecho por los vecinos, en base al
convenio de 1790. Vuelven los escritos y se repiten las hipérboles: "es
indispensable tenga atendido su número crecidísimo de vecinos y la extensión
case inmensa de sus términos". El Obispo ordena que informe el párroco,
pero este hace oídos sordos y ante el silencio, nueva comunicación del
vecindario y nuevo Decreto, imperativo, de Su Ilustrísima firmado en su
residencia de verano (el pazo del "Buen Aire" de Masma), mandando
al cura que conteste "en término de tercero día". No es
precisamente el tercero, pero lo hace por fin el día Por fin, a
finales del pasado siglo, Rinlo llegaría a ser parroquia. El "arreglo
Parroquial" de la Diócesis de Mondoñedo aprobado por Real Decreto de (por Eduardo Gutiérrez -ex-alcalde de
Ribadeo- para o libro da Fiestas do San Pedro do 1985)
Tan
importante fue que desde finales del siglo XVIII y mediados del XX, hasta el
20% de la población del pueblo se extendía por el mundo adelante, siendo
América del sur el principal lugar de desembarco. En
"vapores" como el de la foto y desde A Coruña y Vigo, salían hacia
América en un viaje incierta y en unas condiciones terribles. En este
apartado es imprescindible destacar que los emigrantes de Rinlo en Cuba
lograron en 1909 fundar una sociedad: "Unión Rinlega". La Junta
Directiva fundacional de la sociedad estuve presidida por José Antonio
Posada, como presidente, y formada por José Vázquez Aguiar (página de
personajes), José F. Fernández, Ramón Posada, Benito Fernández, Jesús Páez,
Antonio Fernández, Manuel Posada, Francisco Posada, Jesús López y Cándido
Gervaz. En 1910, a
directiva decidió incluir la sociedad en el Comité Federativa de las Sociedades
Gallegas de Instrucción, creada para canalizar la construcción de las
llamadas escuelas de emigrantes en Galicia. De este Comité fue su primer
presidente el emigrante de San Miguel de Reinante, Narciso Rocha, y en
sucesivas etapas también fue presidida por otros emigrantes de "A
Mariña" de Lugo, como el devesano José Maseda Villamil (1919) y el
rinlego Manuel Posada (1910). En las elecciones del centro gallego en la
Habana, en 1912, fue proclamado presidente José Antonio Posada y José Fernández,
secretario. Además de los miembros de la Directiva antes enunciados, la Unión
Rinlega tuvo como socios fundacionales, sin cargo directivo a Antonio Díaz,
José Vázquez, Facundo Bello, José R. Fernández, José López, Alberto Estivill,
Cecilio García, Jesús Fernández, Pedro González, Jesús F. Fernández, Jesús
Rey, Domingo Orosa, Jesús F. Pérez, Manuel Mántaras, José Mántaras, Bernardo
Moreda (á sazón presidente de Hijos de Santa Eulalia de A Devesa), Inocencio
Moreda, Andrés Domínguez, José García, Pascual Aenlle y Manuel Aenlle. La
actividad de la sociedad está recogida, sobre todo, en las publicaciones: La
Alborada: órgano de la colonia gallega en Cubo, de 1912, en la revista Suecia
del mismo año y en Para Gloria del Terruño de 1909. La mayoría
de los asociados de la Unión Rinlega tenía su origen en localidades próximas,
como Ribadeo, Villaframil, La Devesa, San Miguel de Reinante o Benquerencia.
Muy pocos eras naturales de Rinlo. Una característica común a todos ellos era
su pertenencia a la rama del tabaco, la mayoría dependientes o relacionados
entre si o entre las distintas empresas. Esta
entidad gestiono la construcción y puesta en funcionamiento Esta
entidad gestionó el funcionamiento de la "Escuela Vieja" (página de
qué ver). Un colegio que, según dice, literalmente, una de las actas da
actividad del centro, tenía el proyecto de "inaugurar un edificio propio
regalado polo benefactor Jesús Murias, natural de Ribadeo (página de
personajes)" Queremos
desde aquí, rendir la pertinente homenaje a todos los hombres y mujeres que
dejando a las familias, los amigos y la tierra que los vio nacer, echaban la
maleta al hombro y partían a hacer las américas y traer así, algún dinero
para ofrecer a las familias una mejor vida de la que por desgracia, no había
en aquellos años. El día Pinche aquí y podrá escucharlas
tal y como fueron emitidas en su día. |
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