Primera cetárea (  foto1 )

Sobre el año 1904 y tras las de Malpica y Cariño, comienza a funcionar en Rinlo una cetárea natural dónde para su construcción, se aprovechó de una zona de la costa dónde una lengua de mar entraba en las rocas y hacía una pequeña piscina natural. Con un grueso muro de contención y una compuerta en la parte inferior para aprovechar las mareas, se hizo allí un criadero de marisco, concretamente, centollo y langosta.

La idea fue de una señora de Santa Marta de Ortigueira, Dña. Mª Luisa Soto, que estaba de turismo por la zona y que sin duda vio en aquel negocio, una auténtica "mina", como así fue.

Años más tarde la cetárea se compró en sociedad entre la familia Pose y el rinlego D. José Vázquez Oroza (página de personajes). Hombre emprendedor y gran empresario que logró darle un mayor empuje a este sector. Tal es así que pocos años después, para conseguir atender a la gran demanda de este producto del mar, después de un nuevo estudio y la búsqueda de un pedazo de costa que ofreciese las mismas características de la primera, nació la Segunda cetárea (  foto2 ) y sorprendentemente a tan solo quinientos metros de su antecesora.

Esta segunda obra ya requirió más esfuerzo. El lugar era ya más grande y el mar inundaba el recinto por dos sitios. Hubo que cerrar los dos espacios, con dos compuertas y fijar hasta 25 columnas al fondo para logar cubrir toda la superficie que superaba al de la primera cetárea en muchos metros. También debido a esto, se habilitó una pequeña  lancha para la supervisión del vivero.

Otro problema derivado de la geografía del terreno es que se podía acceder a la cetárea por varios sitios a pie y hubo que cerrar todo el perímetro con un muro de piedra de unos dos metros de alto.

Las oficinas-despachos, también hubo que hacerlos un poco más alejados.

Mas también en este caso, el mercado pedía más y más. El marisco de Rinlo, convencía allí por dónde iba y pocos años más tarde, sobre el 1954 estaba ya en funcionamiento la tercera cetárea.

 

Aun más grande que la otra, con una geografía más accidentada y más alejada del pueblo (sobre un kilómetro), echó a andar esta última empresa.

Para ella, al margen del mar, se habilitaron 10 años más tarde una zona para la cría de aun más especies. Se construyó una nave y dentro de ella, 16  pios que hacían las veces de criaderos. a los que se accedía por unos pasillos que los rodeaban completamente.

Lo complejo de esta obra era que el agua de mar debía de estar siempre limpia, por eso, se ideó una bomba que funcionando las veinticuatro horas del día, subía agua que luego, por un circuito cerrado que tenían los píos, eliminaba la suciedad por un lado y se renovaba por otro.

Aquí se lograba controlar más los animales e los gastos, ya que en el mar y por su naturaleza caníbal, se comen unos a otros en la época de muda del caparazón que los envuelve ya que quedan sin defensas frente a los demás miembros.

Esta cetárea fue la última en cerrar de las tres. En noviembre de 1991 pasó como subcontrata a una empresa particular (Cultimar S.L.) que poco tiempo después, también decidió abandonarla.

Ahora están en semi-ruinas, mas al igual que las otras, siguen siendo lugar de visita de turistas y curiosos, si tenemos en cuenta sobre todo, que fueron las primeras de Europa de estas características.

Como apunte decir que, al margen de la propia crianza en el recinto, también la importación de piezas era algo normal de estas explotaciones. Para la segunda y tercera explotación, se iban a buscar hasta a Cedeira por Galicia y Luarca por Asturias. Localidades como Tapía, Foz, Burela de menos distancia, las traían directamente a las cetáreas. Hasta 15.000 unidades de langosta llegó a haber entre el segundo y tercer vivero

Para terminar diremos que el negocio del marisco en Rinlo no desapareció de todo. Marisco vivo aun se puede comprar pues existe un pequeño vivero en una casa particular del pueblo. Está sita en la calle Santa Clara, y su dueño, Cosme L. Fraga Río.   

Curiosidades

Esta actividad del marisqueo sufrió en lo últimos años una gran reconversión y se industrializó aun más con la creación de piscifactorías y granjas marinas utilizando las últimas tecnologías en la automatización, estudios de mercado, análisis biológicos, controles sanitarios, profesionalización de los empleados, etc, etc. Pero en los primeros tiempos, el hombre debía de aplicar todo su ingenio para atar hasta la última peseta en este negocio que llegaba a facturar mucho dinero a lo largo de los meses. En los años de los reales, patacón y perra*, las langostas de 22 centímetros valían un duro. Las de 20 cm., medio duro y las de 18, cinco reales. Este sistema duró unos 10 anos ya que luego se contaban, 100 unidades; 100 piezas a tanto por pieza, da igual la medida de éstas. Después de la guerra, las langostas se pagaban a 5 pesetas la unidad y pocos años después ya se pasó al sistema del precio por peso actual.

*Denominaciones referidas a las monedas fraccionadas que desaparecieron hace años y dónde el duro equivalía a 5 pesetas; el real, 25 céntimos; patacón o mota, 10 céntimos y la perra, 5 céntimos.